4.7.11

efecto 2000.

sabes que todo lo rompes.

hay veces en las que intentas ponerle nombre a las cosas y no lo consigues. te puedes pasar dos horas bebiendo café solo y frío, amargo y duro al estómago intentando nombrar la sensación que te invade, pero es imposible. pasas a buscar referentes externos y tampoco encuentras las palabras, entonces te pones un disco que te puede doler en el alma y encuentras la metáfora.

sufro el efecto 2000. no tengo miedo a cambiar de año, a una revolución informática o al temido fin del mundo.

mis efectos 2000 se basan en esos cambios de humor, bien geminianos que me asaltan cuando todo parece rozar la calma y que de golpe me dejan claro no, que las cosas no están bien. y me recuerdan mis deseos más temerarios.

esos deseos me recuerdan ese sentimiento que me rige y declara que una parte de mi se siente incompleta y necesita salir de aquí, necesita pasar una temporada errante para decidir dónde quedarse.

cuando tu vida está en un lugar, tus amigos, tu familia, tus conciertos, tu todo es difícil irte, pero cuando piensas en irte sientes la necesidad de romper con todo y con nada. ahí entra la mayor duda que puedo llegar a tener. qué hacer? irse o quedarse.

y ahí entramos en el bucle eterno de pros y contras, de gente, de culturas, idiomas, alegrías, melancolías, de roturas con lo viejo, de descubrir lo nuevo, la soledad, la compañía, la novedad, los paisajes, climas y costumbres.

todo eso ocupa solamente aire, está en mi cabeza. no se puede tocar, solo se ve en mis ojos los días que sucede y no deja de ronronear mi mente como un gato.

ahora mismo solo quiero aparecer muy al norte y ver la aurora boreal durante horas y luego meterme en la cama y dormirme entre mimos mientras suena Abraham Boba...

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